domingo, julio 01, 2012









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jueves, junio 24, 2010




















Primer a vista.

Es un niño al que le resulta fácil aburrirse. Prefiere los recreos a sus compañeros de aula, tampoco  a los de las otras siete divisiones que completan el tercer grado del ciclo primario.
Quizás le simpatiza otro niño, al que cruzó en semejante brutalista construcción peronista pero no sabe bien a que división pertenece,
ni como se llama verdaderamente.
Nada es tan divertido y nada tan sorprendente en este ciclo escolar básico para niños básicos.

MAGICA! la visita sorpresa de una abuela "querida" en horario escolar. Ella ha viajado desde Catamarca, ha cruzado la cuesta del Portezuelo, ha zigzagueado en su Peugeot 504 amarillo, decidida.
La presencia se completa con el abrazo del abuelo, también "querido" y en consecuencia un PERRO PEQUINES DE PELUCHE. No está muy claro el motivo del regalo.
PEQUINÉS, remarca el niño con decepción dibujada entre ceja y ceja.
Un falso can de esa raza y de esas características no solo, no es común en las fantasías infantiles, sino que por lo general esos perros simpatizan solo con maestras particulares, viudas traba-ruedas de bicicletas o algún que otro solterón pasado de moda.
Sin demasiadas explicaciones el androide peludo de entrañas mecánicas es devuelto amablemente acompañado de una sonrisa entre mejilla y mejilla.

Existen los niños que se conforman con lo que les toca, esta claro que este, es uno que no.

Ya las cosas venían caldeadas, sobre todo en invierno, que en la siesta hace ¡tanto calor!.

Es fin de semana y la abuela, "querida" toca el timbre, solo esta de pasada, un oso de peluche sonriente  cuelga de su mano buena ¡que su nieto salga! a su encuentro, indica a la empleada doméstica desde la vereda,  el niño desde la ventana; esto si lo divierte y en un san-ti-amén sale al encuentro. Esta es una de las sorpresas a las que su abuela lo tiene acostumbrado, solo por ser El, el preferido.
En un abrazo zurcido con fascinación el encuentro ha sucedido, un aliado peludo ha llegado para siempre, el aburrimiento sabe que perdió esta ronda. Los planes de viajes y aventuras por países inventados empiezan a inundarlo todo en la pequeña mente del terrible infante poco a poco.

Enterada de todo, secandose las manos y siguiéndole los pasos del pequeño, viene su madre desconfiada, en caminata elíptica  a cuarentaycinco grados reacciona e increpa a la abuela, a su propia madre. El regalo es inapropiado para un ¡varón! decreta y tratando de que algún espíritu con autoridad suficiente la posea, sacude la cabeza, su cara se eleva, los brazos y manos sobre la frente, ojos relamidos hacia atrás, el cuerpo esta en total desacuerdo.
De tal aparente tragedia los motivos no son suficientes. O demasiados, por cierto alega.
La abuela se aleja motorizada sin acusar recibo ni reparar en las consecuencias.

Ágil el niño logra adelantarse, corre, sube al techo de su casa en dos saltos, se esconde, respira aliviado,
La misión fue un éxito.
Oso de peluche y niño se miran, o al menos es lo que se imagina.  
El ríe, su acolchonado amigo siempre sonríe.
Se sabe que es su primer a vista.
La mirada lo recorre todo, el cuerpo lleno de pelo, artificial, pero pelaje al fin.
El contacto corporal es lo siguiente pero espera, solo toma su brazo tieso...no tiene que apresurar las cosas presiente, como recién soñado y nunca antes vivido sigue los pasos dictados por una naturaleza que aparentemente no planeó jamás tales actos.
La música se eleva en su mente, intoxicado de novedad, brotado de endorfina tornasol, la escena que resulta es santa.


Escupiendo al cielo azufre desde un purgatorio cercano, emanan gritos, siempre los gritos, se deduce que el escondite es en lo alto. La madre obliga al niño a bajar, -¡y ese oso también! aclara.
Apenas el suelo tiene dos pies mas encima, los fugitivos son separados y sin una palabra más, ¡a dormir la siesta! son condenados.
Tibiamente lonas recubren de un sol voraz las ventanas, las persianas son cerradas, cuando una calma aplastadamente impune reina, cajones son abiertos, puertas, placares, desvanes. Se revisan cajas, alacenas repletas de alimentos no perecederos, tachos de basura, heladera, se espía detrás de muebles enormes, detrás de todo lo que tenga cuatro patas para apoyarse. El cuarto de la empleada, aunque duerma ella también. Sin suerte, toda esperanza se reduce al cuarto principal, donde todo es oscuridad, y duermen profundamente al unísono...deduciéndose la penosa espera venidera.



Como telón firme a tus espaldas las campanadas a lo lejos anuncian la misa de las siete. Esperaste ese sagrado momento para desenvolver tu valeroso plan, palabra tras palabra, sentados frente a ti tus progenitores con ese pobre peluche como rehén, las explicaciones dadas fueron concretas y cabales, frías como una frutilla congelada dentro de una muela careada, un discurso propio de alguien que cursa tercer grado en una escuela "Nacional", no provincial, demostraste, el poder filoso y desafiante de tu mente, de una locura finamente contorneada por la meningitis que te visitó el verano pasado. Debí imaginarme que no te conformarías tan fácilmente, de hecho que nunca más lo harás, sobre todo un niño de tu clase.
Nunca vi. una tijera llorar, pero en el momento en que atravesaste su acolchonado y peludo cuerpo, ese inmolado y destrozado entripado, brotó un sordo y afilado sollozo.

Y con la calma de una insolente rebeldía, recién nacida...
...mientras calzabas en tu pequeño cráneo un abrigado casco de peluche con simpáticas orejas...

...te escuche pensar  en tono vengativo:

- este invierno, recién empieza.





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